El Amor por las Historias

Desde que le montaba la escena a una camisa colgada del picaporte del armario.

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Riikka Fransila

El amor por las historias me llevó a estudiar teatro en una de las escuelas más profundas (y probablemente en una de las etapas más complejas e inquietantes de aquella escuela), que mezclaba nuestros sueños e ilusiones con terapia gestalt en una coctelera cósmica. Fue ese mismo amor el que me hizo estudiar comunicación en la universidad. Aunque a decir verdad, a la universidad lo que me llevó fue el amor a mis padres, porque una hija que se precie les brinda un título de licenciada a unos buenos padres.

El amor por las historias me hizo bucear en las cavernas del ser humano para entender desde dónde y por qué cometemos crímenes, amamos y nos relacionamos dependiendo, además, de cómo seamos y de cuáles hayan sido nuestras circunstancias.

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Me gustaría saber de dónde es…

En la escuela nunca llegábamos a actuar; estuvimos prácticamente cinco años acercándonos a las benditas “circunstancias previas”. Aquello era más sacro que el Padre Nuestro. Te tocaba una escena y la tarea suponía desarrollar el mundo interno previo a ese texto ¿Qué tendría ese personaje dentro? ¿Qué le habría pasado antes para llegar a hacer esa escena y no otra? Y a construir. A generar su historia, patrones, creencias, emociones, corporalidad, gustos, manías y todas las relaciones que tuviera ese personaje con los hombres, con las mujeres, consigo mismo y con el mundo.

En cuanto salías a escena era comenzar la primera frase del texto y escuchar: “Chao, chao, sal y vuelve a entrar”.  Así, semana tras semana. Año tras año. Por lo que el amor por las historias también me llevó a terapia. No tenía permiso, nunca era suficiente y me perdí. Bueno, eso y mi mochila personal cargada de mis propias “circunstancias previas” ….

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William Gedney

Entonces, el amor por las historias me llevó a conocer todas las formas posibles de tratamientos, corrientes de psicología y formaciones de crecimiento personal. De nuevo me acabó llevando a conocer los límites del dolor y del amor. Ha estudiar cómo funcionan las relaciones humanas y cuáles son las formas posibles de sanar, de limpiar, de ordenar, de drenar, de nutrir y de liberar. En grupo, en pareja o en individual. Me llevó a formarme y a experimentar en todas las corrientes y técnicas que me encontré que llegaran cuanto más lejos mejor y a combinar las que trabajaran de la forma más profunda y nuclear: allí dónde nace la historia.

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Madbutt

Después, el amor por las historias, me llevó a acompañar a los demás a transitar la suya propia. Me llevó a escuchar todas las partes de la misma, a sostener a otros mientras buceaban en el infierno, a desenredar nudos imposibles y a abrir puertas a nuevas versiones, giros de guión, y finales diferentes en muchas de ellas.

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Mudbutt

Hubo un momento en que el amor por las historias me empezó a morder el corazón y me obligó a escribir teatro diez años después de dejarlo, aunque tuviera que hacerlo a las 22:00h de la noche, cuando ya el día se había llevado todo de mí.

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Me encantaría saber de dónde es…

Uno de los regalos que me dejó ese amor, es que voy por la vida viendo escenas todo el tiempo. Todas cargadas de siglos de circunstancias previas que ahora sé cómo acompañar a otros a transitar y resolver. Ése don fue sin duda clave para mi supervivencia como directora de recursos humanos entre conflictos sindicales, huelgas, guerras internas y sombríos EREs.

No fue suficiente sin embargo para prevenirme del bonus track que me tenía preparada mi propia historia. Cuyo guión no lo hubiera acertado ni Pedro Almodóvar. (Verdad, verdadera)

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Rodando Kika

El inmenso amor por las historias me sigue manteniendo caliente a día de hoy, empeñada en trabajar al servicio de las historias de los demás, para que cada uno se reconcilie con la suya propia y haga de ella todo lo que se permita. Porque se trata de permiso, pero eso sí es otra historia. O no. Porque ese amor también me espera despierto e intacto, encima de un escenario, para que mis personajes por fin puedan dejar atrás las circunstancias previas y tengan el permiso para hablar y poder contar su propia historia.

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Yo pillada por Pablo Maqueda

 

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Preparando Más Allá del Diagnóstico

 

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